Nota De; Gustavo Adolfo Becquer, Nota Enviado por: admin
Rimas de Gustavo Adolfo Becquer

Rimas de Gustavo Adolfo Becquer-Segunda Parte

RIMA LI -(Olas gigantes, que os rompéis bramando...)

 

Olas gigantes que os rompéis bramando

en las playas desiertas y remotas,

envuelto entre la sábana de espumas,

¡llevadme con vosotras!

 

Ráfagas de huracán que arrebatáis

del alto bosque las marchitas hojas,

arrastrado en el ciego torbellino,

¡llevadme con vosotras!

 

Nubes de tempestad que rompe el rayo

y en fuego encienden las sangrientas orlas,

arrebatado entre la niebla oscura,

¡llevadme con vosotras!

 

Llevadme por piedad a donde el vértigo

con la razón me arranque la memoria.

¡Por piedad!, ¡tengo miedo de quedarme

con mi dolor a solas!


RIMA LII-(Volverán las oscuras golondrinas...)

          Volverán las oscuras golondrinas
          en tu balcón sus nidos a colgar,
          y otra vez con el ala a sus cristales
               jugando llamarán.

          Pero aquellas que el vuelo refrenaban
          tu hermosura y mi dicha a contemplar,
          aquellas que aprendieron nuestros nombres,
               ésas... ¡no volverán!

          Volverán las tupidas madreselvas
          de tu jardín las tapias a escalar
          y otra vez a la tarde aún más hermosas
              sus flores se abrirán.

          Pero aquellas cuajadas de rocío
          cuyas gotas mirábamos temblar
          y caer como lágrimas del día....
              ésas... ¡no volverán!

          Volverán del amor en tus oídos
          las palabras ardientes a sonar,
          tu corazón de su profundo sueño
              tal vez despertará.

          Pero mudo y absorto y de rodillas,
          como se adora a Dios ante su altar,
          como yo te he querido..., desengáñate,
              ¡así no te querrán!


RIMA LIII -(Cuando volvemos las fugaces horas...)

 

Cuando volvemos las fugaces horas

del pasado a evocar,

temblando brilla en sus pestañas negras

una lágrima pronta a resbalar.

 

Y al fin resbala y cae como gota

del rocío al pensar

que cual hoy por ayer, por hoy mañana

volveremos los dos a suspirar.


RIMA LIV -(Entre el discorde estruendo de la orgía...)

 

Entre el discorde estruendo de la orgía

acarició mi oído,

como nota de lejana música,

el eco de un suspiro.

 

El eco de un suspiro que conozco,

formado de un aliento que he bebido,

perfume de una flor que oculta crece

en un claustro sombrío.

 

Mi adorada de un día, cariñosa,

“¿en qué piensas ?”, me dijo:

“En nada...” “¿En nada, y lloras?”

“Es que tienes alegre la tristeza y triste el vino”.


RIMA LV -(Hoy, como ayer, mañana como hoy,...)

 

Hoy como ayer, mañana como hoy

¡y siempre igual!

Un cielo gris, un horizonte eterno

y andar..., andar.

 

Moviéndose a compás como una estúpida

máquina, el corazón;

la torpe inteligencia del cerebro

dormida en un rincón.

 

El alma, que ambiciona un paraíso,

buscándole sin fe;

fatiga sin objeto, ola que rueda

ignorando por qué.

 

Voz que incesante con el mismo tono

canta el mismo cantar;

gota de agua monótona que cae,

y cae sin cesar.

 

Así van deslizándose los días

unos de otros en pos,

hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos

sin goce ni dolor.

 

¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando

del antiguo sufrir...

Amargo es el dolor; ¡pero siquiera

padecer es vivir!


RIMA LVI -(¿Quieres que de un néctar delicioso...)

 

¿Quieres que de ese néctar delicioso

no te amargue la hez?

pues aspírale, acércale a tus labios

y déjale después.

 

¿Quieres que conservemos una dulce memoria

de este amor?

Pues amémonos hoy mucho y mañana

digámonos ¡adiós!


RIMA LVII-(Yo sé cuál el objeto...)

          Yo sé cuál el objeto
          de tus suspiros es;
          yo conozco la causa de tu dulce
          secreta languidez.
          ¿Te ríes?... Algún día
          sabrás, niña, por qué:
          tú lo sabes apenas
               y yo lo sé.

          Yo sé cuando tu sueñas,
          y lo que en sueños ves;
          como en un libro puedo lo que callas
          en tu frente leer.
          ¿Te ríes?... Algún día
          sabrás, niña, por qué:
          tú lo sabes apenas
          y yo lo sé.

          Yo sé por qué sonríes
          y lloras a la vez.
          yo penetro en los senos misteriosos
          de tu alma de mujer.
          ¿Te ríes?... Algún día
          sabrás, niña, por qué:
          mientras tu sientes mucho y nada sabes,
          yo que no siento ya, todo lo sé.


RIMA LVIII -(Al ver mis horas de fiebre...)

 

Al ver mis horas de fiebre

e insomnio lentas pasar,

a la orilla de mi lecho,

¿quién se sentará?

 

Cuando la trémula mano

tienda próximo a expirar

buscando una mano amiga,

¿quién la estrechará?

 

Cuando la muerte vidríe

de mis ojos el cristal,

mis párpados aún abiertos,

¿quién los cerrará?

 

Cuando la campana suene

(si suena en mi funeral),

una oración al oírla,

¿quién murmurará?

 

Cuando mis pálidos restos

oprima la tierra ya,

sobre la olvidada fosa.

¿quién vendar a llorar?

 

¿Quién en fin al otro día,

cuando el sol vuelva a brillar,

de que pasé por el mundo,

¿quién se acordará?


RIMA LIX -(Me ha herido recatándose en las sombras,...)

 

Me ha herido recatándose en las sombras,

sellando con un beso su traición.

Los brazos me echó al cuello y por la espalda

me partió a sangre fría el corazón.

 

Y ella impávida sigue su camino,

feliz, risueña, impávida, ¿y por qué?

porque no brota sangre de la herida...

¡porque el muerto esta en pie.


RIMA LX -(Como se arranca el hierro de una herida...)

 

Como se arranca el hierro de una herida

su amor de las entrañas me arranqué,

aunque sentí al hacerlo que la vida

me arrancaba con él!

 

Del altar que le alcé en el alma mía

la Voluntad su imagen arrojó,

y la luz de la fe que en ella ardía

ante el ara desierta se apagó.

 

Aún turbando en la noche el firme empeño

vive en la idea la visión tenaz...

¡Cuándo podré dormir con ese sueño

en que acaba el soñar!


RIMA LXI-(Este armazón de huesos y pellejo,...)


          Este armazón de huesos y pellejo
          de pasear una cabeza loca
          cansado se halla al fin, y no lo extraño;
          pues, aunque es la verdad que no soy viejo,

          de la parte de vida que me toca
          en la vida del mundo, por mi daño
          he hecho un uso tal, que juraría
          que he condensado un siglo en cada día.

          Así, aunque ahora muriera,
          no podría decir que no he vivido;
          que el sayo, al parecer nuevo por fuera,
          conozco que por dentro ha envejecido.

          Ha envejecido, sí, ¡pese a mi estrella!,
          harto lo dice ya mi afán doliente;
          que hay dolor que al pasar su horrible huella
          graba en el corazón, si no en la frente.

RIMA LXII-(Primero es un albor trémulo y vago,...) 
 
Primero es un albor trémulo y vago, 
raya de inquieta luz que corta el mar; 
luego chispea y crece y se difunde 
en ardiente explosión de claridad. 
 
La brilladora lumbre es la alegría; 
la temerosa sombra es el pesar; 
¡Ay!, en la oscura noche de mi alma, 
¿cuándo amanecerá?

RIMA LXIII -(Como enjambre de abejas irritadas...)

 

Como enjambre de abejas irritadas,

de un obscuro rincón de la memoria

salen a perseguirnos los recuerdos

de las pasadas horas.

 

Yo los quiero ahuyentar. ¡Esfuerzo tan inútil!

Me rodean, me acosan,

y unos tras otros a clavarme vienen

el agudo aguijón que el alma encona.


RIMA LXIV -(Como guarda el avaro su tesoro...)

 

Como guarda el avaro su tesoro,

guardaba mi dolor;

le quería probar que hay algo eterno

a la que eterno me juró su amor.

 

Mas hoy le llamo en vano y oigo

al tiempo que le agotó, decir:

“¡Ah, barro miserable, eternamente

no podrás ni aun sufrir!


RIMA LXV -(Llegó la noche y no encontré un asilo...)

 

Llegó la noche y no encontré un asilo,

¡y tuve sed...!, mis lágrimas bebí;

¡y tuve hambre! ¡Los hinchados ojos

cerré para morir!

 

¡Estaba en un desierto! Aunque a mi oído

de las turbas llegaba el ronco hervir,

yo era huérfano y pobre... ¡El mundo

estaba desierto... para mí!


RIMA LXVI-(¿De dónde vengo...)

         ¿De dónde vengo...? El más horrible y áspero
               de los senderos busca:
          Las huellas de unos pies ensangrentados
               sobre la roca dura,
          los despojos de un alma hecha jirones
               en las zarzas agudas,
               te dirán el camino
               que conduce a mi cuna.

          ¿A donde voy? El más sombrío y triste
               de los páramos cruza,
          valle de eternas nieves y de eternas
               melancólicas brumas.

          En donde esté una piedra solitaria
               sin inscripción alguna,
               donde habite el olvido,
               allí estará mi tumba.

RIMA LXVII -(¡Qué hermoso es ver el día ...)

 

¡Qué hermoso es ver el día

coronado de fuego levantarse,

y a su beso de lumbre

brillar las olas y encenderse el aire!

 

¡Qué hermoso es tras la lluvia

del triste otoño en la azulada tarde,

de las húmedas flores

el perfume beber hasta saciarse!

 

¡Qué hermoso es cuando en copos

la blanca nieve silenciosa cae,

de las inquietas llamas

ver las rojizas lenguas agitarse!

 

¡Qué hermoso es cuando hay sueño

dormir bien... y roncar como un sochantre...

y comer... y engordar... y qué desgracia

que esto solo no baste!


RIMA LXVIII -(No sé lo que he soñado ...)

 

No sé lo que he soñado

en la noche pasada;

triste muy triste debió ser el sueño,

pues despierto la angustia me duraba.

 

Noté al incorporarme

húmeda la almohada,

y por primera vez sentí al notarlo

de un amargo placer henchirse el alma.

 

Triste cosa es el sueño

que llanto nos arranca,

mas tengo en mi tristeza una alegría...

sé que aún me quedan lágrimas.


RIMA LXIX-( Al brillar un relámpago nacemos ...)

 

Al brillar un relámpago nacemos

y aún dura su fulgor cuando morimos;

tan corto es el vivir.

 

La gloria y el amor tras que corremos

sombras de un sueño son que perseguimos:

¡Despertar es morir!


RIMA LXX-(¡Cuántas veces al pie de las musgosas ...)

 

¡Cuántas veces al pie de las musgosas

paredes que la guardan,

oí la esquila que al mediar la noche

a los maitines llama!

 

¡Cuántas veces trazo mi silueta

la luna plateada,

junto a la del ciprés que de su huerto

se asoma por las tapias!

 

Cuando en sombras la iglesia se envolvía,

de su ojiva calada,

¡cuántas veces temblar sobre los vidrios

vi el fulgor de la lámpara!

 

Aunque el viento en los ángulos oscuros

de la torre silbara,

del coro entre las voces percibía

su voz vibrante y clara.

 

En las noches de invierno, si un medroso

por la desierta plaza

se atrevía a cruzar, al divisarme,

el paso aceleraba.

 

Y no faltó una vieja que en el torno

dijese a la mañana

que de algún sacristán muerto en pecado

era yo el alma.

 

A oscuras conocía los rincones

del atrio y la portada;

de mis pies las ortigas que allí crecen

las huellas tal vez guardan.

 

Los búhos, que espantados me seguían

con sus ojos de llamas,

llegaron a mirarme con el tiempo

como a un buen camarada.

 

A mi lado sin miedo los reptiles

se movían a rastras;

¡hasta los mudos santos de granito

creo que me saludaban!


RIMA LXXI-( No dormía; vagaba en ese limbo...)

 

No dormía; vagaba en ese limbo

en que cambian de forma los objetos,

misteriosos espacios que separan

la vigilia del sueño.

 

Las ideas que en ronda silenciosa

daban vueltas en torno a mi cerebro,

poco a poco en su danza se movían

con un compás más lento.

 

De la luz que entra al alma por los ojos

los párpados velaban el reflejo;

pero otra luz el mundo de visiones

alumbraba por dentro.

 

En este punto resonó en mi oído

un rumor semejante al que en el templo

vaga confuso al terminar los fieles

con un amén sus rezos.

 

Y oí como una voz delgada y triste

que por mi nombre me llamo a lo lejos,

y sentí olor de cirios apagados,

de humedad y de incienso.

 

.......................................

 

Pasó la noche, y del olvido en brazos

caí, cual piedra, en su profundo seno.

No obstante al despertar exclamé: “¡Alguno

que yo quería ha muerto!


RIMA LXXII -(Primera voz Las ondas tienen vaga armonía...)

 

Primera voz Las ondas tienen vaga armonía,

Las violetas suave olor,

brumas de plata la noche fría,

luz y oro el día;

yo algo mejor:

¡yo tengo Amor!

 

Segunda voz

 

Aura de aplausos, nube rabiosa,

ola de envidia que besa el pie.

isla de sueños donde reposa

el alma ansiosa.

¡dulce embriaguez

la Gloria es!

 

Tercera voz

 

Ascua encendida es el tesoro,

sombra que huye la vanidad,

todo es mentira: la gloria, el oro.

Lo que yo adoro

sólo es verdad:

¡la Libertad!

 

Así los barqueros pasaban cantando

la eterna canción,

y al golpe del remo saltaba la espuma

y heríala el sol.

 

“¿Te embarcas?”, gritaban, y yo sonriendo

les dije al pasar:

“ha tiempo lo hice, por cierto que aun tengo

la ropa en la playa tendida a secar.


RIMA LXXIII-(Cerraron sus ojos...)

Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho,
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día
y a su albor primero
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”

De la casa, en hombros,
lleváronla al templo,
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

Al dar de las ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron
y el santo recinto
quedóse desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”
    De la alta campana
    la lengua de hierro
    le dio volteando
    su adiós lastimero.
    El luto en las ropas,
    amigos y deudos
    cruzaron en fila,
    formando el cortejo.

    Del último asilo,
    oscuro y estrecho,
    abrió la piqueta
    el nicho a un extremo;
    allí la acostaron,
    tapiáronla luego,
    y con un saludo
    despidióse el duelo.

    La piqueta al hombro
    el sepulturero,
    cantando entre dientes,
    se perdió a lo lejos.
    La noche se entraba,
    el sol se había puesto:
    perdido en las sombras
    yo pensé un momento:
    “¡Dios mío, qué solos
    se quedan los muertos!”

    En las largas noches
    del helado invierno,
    cuando las maderas
    crujir hace el viento
    y azota los vidrios
    el fuerte aguacero,
    de la pobre niña
    a veces me acuerdo.

    Allí cae la lluvia
    con un son eterno;
    allí la combate
    el soplo del cierzo.
    Del húmedo muro
    tendida en el hueco,
    ¡acaso de frío
    se hielan los huesos...!
          
    ........................

    ¿Vuelve el polvo al polvo?
    ¿Vuela el alma al cielo?
    ¿Todo es, sin espíritu,
    podredumbre y cieno?
    ¡No sé; pero hay algo
    que explicar no puedo,
    que al par nos infunde
    repugnancia y duelo,
    a dejar tan tristes,
    tan solos los muertos.



RIMA LXXIV -(Las ropas desceñidas...)

 

Las ropas desceñidas,

desnudas las espadas,

en el dintel de oro de la puerta

dos ángeles velaban.

 

Me aproximé a los hierros

que defienden la entrada,

y de las dobles rejas en el fondo

la vi confusa y blanca.

 

La vi como la imagen

que en un ensueño pasa,

como un rayo de luz tenue y difuso

que entre tinieblas nada.

 

Me sentí de un ardiente

deseo llena el alma;

¡como atrae un abismo, aquel misterio

hacía si me arrastraba!

 

Mas, ¡ay!, que de los ángeles

parecían decirme las miradas:

“¡El umbral de esta puerta

sólo Dios lo traspasa!”


RIMA LXXV-(¿Será verdad que cuando toca el sueño...)

 

¿Será verdad que cuando toca el sueño

con sus dedos de rosa nuestros ojos,

de la cárcel que habita huye el espíritu

en vuelo presuroso?

 

¿Será verdad que, huésped de las nieblas,

de la brisa nocturna al tenue soplo,

alado sube a la región vacía

a encontrarse con otros?

 

¿Y allí desnudo de la humana forma,

allí los lazos terrenales rotos,

breves horas habita de la idea

el mundo silencioso?

 

¿Y ríe y llora y aborrece y ama

y guarda un rastro del dolor y el gozo,

semejante al que deja cuando cruza

el cielo un meteoro?

 

¡Yo no sé si ese mundo de visiones

vive fuera o va dentro de nosotros:

lo que sé es que conozco a muchas gentes

a quienes no conozco!


RIMA LXXVI-( En la imponente nave...)

 

En la imponente nave

del templo bizantino,

vi la gótica tumba a la indecisa

luz que temblaba en los pintados vidrios.

 

Las manos sobre el pecho,

y en las manos un libro,

una mujer hermosa reposaba

sobre la urna del cincel prodigio.

 

Del cuerpo abandonado

al dulce peso hundido,

cual si de blanda pluma y raso fuera

se plegaba su lecho de granito.

 

De la sonrisa última

el resplandor divino

guardaba el rostro, como el cielo guarda

del sol que muere el rayo fugitivo.

 

Del cabezal de piedra

sentados en el filo,

dos ángeles, el dedo sobre el labio,

imponían silencio en el recinto.

 

No parecía muerta;

de los arcos macizos

parecía dormir en la penumbra

y que en sueños veía el paraíso.

 

Me acerqué de la nave

al ángulo sombrío,

con el callado paso que se llega

junto a la cuna donde duerme un niño.

 

La contemplé un momento

y aquel resplandor tibio,

aquel lecho de piedra que ofrecía

próximo al muro otro lugar vacío.

 

En el alma avivaron

la sed de lo infinito,

el ansia de esa vida de la muerte,

para la que un instante son los siglos...

.........................................

Cansado del combate

en que luchando vivo,

alguna vez me acuerdo con envidia

de aquel rincón oscuro y escondido.

 

De aquella muda y pálida

mujer me acuerdo y digo:

“¡Oh, qué amor tan callado el de la muerte!

¡Qué sueño el del sepulcro tan tranquilo!”


RIMA LXXVII-(Es un sueño la vida ...)

 

Es un sueño la vida,

pero un sueño febril que dura un punto;

Cuando de él se despierta,

se ve que todo es vanidad y humo...

¡Ojalá fuera un sueño

muy largo y muy profundo,

un sueño que durara hasta la muerte!...

Yo soñaría con mi amor y el tuyo.


RIMA LXXVII-(Podrá nublarse el sol eternamente...)

    Podrá nublarse el sol eternamente;
    podrá secarse en un instante el mar;
    podrá romperse el eje de la tierra
        como un débil cristal.

    ¡Todo sucederá! Podrá la muerte
    cubrirme con su fúnebre crespón;
    pero jamás en mí podrá apagarse
        la llama de tu amor.


RIMA LXXIX -(Mi vida es un erial...)

          Mi vida es un erial,
          flor que toco se deshoja;
          que en mi camino fatal
          alguien va sembrando el mal
          para que yo lo recoja.


RIMA LXXXI-(Dices que tienes corazón, y solo...)

    Dices que tienes corazón, y solo
    lo dices porque sientes sus latidos;
    eso no es corazón... es una máquina
    que al compás que se mueve hace ruido.


RIMA LXXXII-(Fingiendo realidades...)

          Fingiendo realidades
          con sombra vana,
          delante del deseo
          va la esperanza.
          y sus mentiras
          como el Fénix, renacen
          de sus cenizas.

RIMA LXXXIII-(Una mujer me ha envenenado el alma...)

          Una mujer me ha envenenado el alma,
          otra mujer me ha envenenado el cuerpo;
          ninguna de las dos vino a buscarme,
          yo de ninguna de las dos me quejo.

          Como el mundo es redondo, el mundo rueda.
          Si mañana, rodando, este veneno
          envenena a su vez, ¿por qué acusarme?
          ¿Puedo dar mas de lo que a mí me dieron?

RIMA LXXXIV-(Tu voz es el aliento de las flores...)

	A CASTA

   Tu voz es el aliento de las flores,
   tu voz es de los cisnes la armonía;
   es tu mirada el esplendor del día,
   y el color de la rosa es tu color.

   Tú prestas nueva vida y esperanza
   a un corazón para el amor ya muerto:
   tú creces de mi vida en el desierto
   como crece en un páramo la flor.

RIMA LXXXV-(Para que los leas con tus ojos grises...)
 
A ELISA 
 
Para que los leas con tus ojos grises, 
para que los cantes con tu clara voz, 
para que se llenen de emoción tu pecho 
hice mis versos yo. 
 
Para que encuentres en tu pecho asilo 
y le des juventud, vida, calor, 
tres cosas que yo no puedo darles, 
hice mis versos yo. 
 
Para hacerte gozar con mi alegría, 
para que sufras tu con mi dolor, 
para que sientas palpitar mi vida, 
hice mis versos yo. 
 
Para poder poner antes tus plantas 
la ofrenda de mi vida y de mi amor, 
con alma, sueños rotos, risas, lágrimas 
hice mis versos yo.

RIMA LXXXVI-(Flores tronchadas...)

   Flores tronchadas, marchitas hojas
	arrastra el viento;
   en los espacios, tristes gemidos
	repite el eco.

	..............................

   En las nieblas de los pasado,
   en las regiones del pensamiento
   gemidos tristes, marchitas galas
	son mis recuerdos.

RIMA LXXXVII-(Es el alba una sombra...)

   Es el alba una sombra
	de tu sonrisa,
   y un rayo de tus ojos
	la luz del día;
	pero tu alma
   es la noche de invierno,
	negra y helada.

RIMA LXXXVIII-(Errante por el mundo fui gritando...)

Errante por el mundo fui gritando:
	“La gloria ¿dónde está?”
Y una voz misteriosa contestóme:
	“Más allá... más allá...”

En pos de ella perseguí el camino
	que la voz me marcó;
halléla al fin, pero en aquel instante
	el humo se troncó.

Más el humo, formado denso velo,
	se empezó a remontar.
Y penetrando en la azulada esfera
	al cielo fue a parar.

RIMA LXXXIX-(Negros fantasmas...)

Negros fantasmas,
nubes sombrías,
huyen ante el destello
     de la luz divina.
     Esa luz santa,
niña de negros ojos,
     es la esperanza.

Al calor de sus rayos
     mi fe gigante
contra desdenes lucha
     sin amenguarse.
     en este empeño
es, si grande el martirio,
     mayor el premio.

Y si aún muestras esquiva
    alma de nieve,
si aún no me quisieras,
     yo no he de quererte:
     mi amor es roca
donde se estrellan tímidas
     del mal las olas.

RIMA XC-(Yo soy el rayo...)

Yo soy el rayo, la dulce brisa,
lágrima ardiente, fresca sonrisa,
flor peregrina, rama tronchada;
yo soy quien vibra, flecha acerada.

Hay en mi esencia, como en las flores
de mil perfumes, suaves vapores,
y su fragancia fascinadora,
trastorna el alma de quien adora.

Yo mis aromas doquier prodigo
ya el más horrible dolor mitigo,
y en grato, dulce, tierno delirio
cambio el más duro, crüel martirio.

¡Ah!, yo encadeno los corazones,
más son de flores los eslabones.
	Navego por los mares,
	voy por el viento
   alejo los pesares
	del pensamiento.
	yo, en dicha o pena,
        reparto a los mortales
	con faz serena.

Poder terrible, que en mis antojos
brota sonrisas o brota enojos;
poder que abrasa un alma helada,
si airado vibro flecha acerada.

     Doy las dulces sonrisas
	a las hermosas;
     coloro sus mejillas
	de nieve y rosas;
     humedezco sus labios,
	y sus miradas
     hago prometer dichas
	no imaginadas.

     Yo hago amable el reposo,
	grato, halagüeño,
     o alejo de los seres
	el dulce sueño,
	todo a mi poderío
	rinde homenaje;
     todo a mi corona
	dan vasallaje.

     Soy amor, rey del mundo,
	niña tirana,
     ámame, y tú la reina
	serás mañana.

RIMA XCI-(No has sentido en la noche...)

No has sentido en la noche,
cuando reina la sombra
una voz apagada que canta
y una inmensa tristeza que llora?

¿No sentiste en tu oído de virgen
las silentes y trágicas notas
que mis dedos de muerto arrancaban
a la lira rota?

¿No sentiste una lágrima mía
deslizarse en tu boca,
ni sentiste mi mano de nieve
estrechar a la tuya de rosa?

¿No viste entre sueños
por el aire vagar una sombra,
ni sintieron tus labios un beso
que estalló misterioso en la alcoba?

Pues yo juro por ti, vida mía,
que te vi entre mis brazos, miedosa;
que sentí tu aliento de jazmín y nardo
y tu boca pegada a mi boca.

RIMA XCII-(Apoyando mi frente calurosa...)

    Apoyando mi frente calurosa
    en el frío cristal de la ventana,
    en el silencio de la oscura noche
    de su balcón mis ojos no apartaba.
    
    En medio de la sombra misteriosa
    su vidriera lucía iluminada,
    dejando que mi vista penetrase
    en el puro santuario de su estancia.

    Pálido como el mármol el semblante;
    la blonda cabellera destrenzada,
    acariciando sus sedosas ondas,
    sus hombros de alabastro y su garganta,
    mis ojos la veían, y mis ojos
    al verla tan hermosa, se turbaban.

    Mirábase al espejo; dulcemente
    sonreía a su bella imagen lánguida,
    y sus mudas lisonjas al espejo
    con un beso dulcísimo pagaba...
    
    Mas la luz se apagó; la visión pura
    desvanecióse como sombra vana,
    y dormido quedé, dándome celos
    el cristal que su boca acariciara.

RIMA XCIII-(Si copia tu frente...)

Si copia tu frente
del río cercano la pura corriente
y miras tu rostro del amor encendido,
	soy yo, que me escondo
	del agua en el fondo
y, loco de amores, a amar te convido;
soy yo, que, en tu pecho buscada morada,
envío a tus ojos mi ardiente mirada,
	mi blanca divina...
y el fuego que siento la faz te ilumina.

	Si en medio del valle
en tardo se trueca tu amor animado,
vacila tu planta, se pliega tu talle...
	soy yo, dueño amado,
	que, en no vistos lazos
de amor anhelante, te estrecho en mis brazos;
soy yo quien te teje la alfombra florida
que vuelve a tu cuerpo la fuerza de la vida;
	soy yo, que te sigo
en alas del viento soñando contigo.

	Si estando en tu lecho
escuchas acaso celeste armonía
que llena de goces tu cándido pecho,
	soy yo, vida mía...;
	soy yo, que levanto
al cielo tranquilo mi férvido canto;
soy yo, que, los aires cruzando ligero
por un ignorado, movible sendero,
	ansioso de calma,
sediento de amores, penetro en tu alma.

RIMA XCIV-(¡Quién fuera luna...)

	¡Quién fuera luna,
	quién fuera br